Básicamente es el proceso de transferir inmunidad local (órganos o tejidos) o bien, inmunidad sistémica, cuando se beneficia a todo un sistema como el respiratorio, el músculo-esquelético o bien al propio sistema inmunológico. Esto es posible gracias a la transferencia de un extracto de leucocitos de un ser vivo inmune a otro no inmune, lo cual significa que siglos de evolución pueden simplemente transferirse entre individuos o bien, entre distintas especies. 

   ¿Qué es ese ‘extracto de leucocitos’ que se transfiere? Se trata de un compuesto activo que se obtiene a partir de la diálisis de leucocitos (glóbulos blancos), las células responsables de los procesos de inmunidad que actúan como defensa frente a la amenaza de un antígeno específico que puede tratarse de una bacteria, un virus, un parásito, un hongo o un alérgeno, impidiendo su desarrollo y promoviendo un efecto inmuno estimulante que haga más efectiva la respuesta de inmunidad ante futuras amenazas.

   Es así como el Factor de Transferencia actúa estimulando a los linfocitos T, también llamadas células T, las células de memoria que contienen todo el historial de microorganismos que en el pasado han representado una amenaza. De esta forma, el conocimiento de las células de un receptor se fortalece con la información que las nuevas células inmunes le generan, estimulando ademas la producción de linfocina, la sustancia química que es liberada para alertar a otras células ante la presencia de un agente infeccioso.

  En resumen el Factor de Transferencia, tiene acción en la primera línea de defensa del sistema inmunológico, estimulando a los macrófagos y células T, permitiendo una respuesta más rápida y organizada del cuerpo, que permita hacerle frente de una manera efectiva a los antígenos que día a día comprometen nuestra salud y reforzándolos con la inmunidad de otros organismos que ya han logrado segregar anticuerpos para combatirlos y destruirlos.